El pájaro azul fue venerado por los Mayas como símbolo del amor que nunca muere y, en Norteamérica, su canto se asocia a la fidelidad y a la pureza espiritual. Este afable habitante de las praderas y zonas verdes de Canadá, Estados Unidos y América Central se distingue por su hermoso plumaje de un azul profundo y su voz dulce y sonora.